El profesorado de las universidades públicas españolas no encaja en el esquema habitual de los cuerpos de funcionarios, porque combina dos vías paralelas: el profesorado funcionario (los cuerpos docentes universitarios) y el profesorado contratado (figuras laborales). Entender las distintas figuras, sus requisitos y cómo se encadenan es imprescindible para comprender la carrera académica, que es una de las más singulares del empleo público.
Las dos vías: funcionario y contratado
La universidad pública tiene una estructura de personal docente e investigador dual. Por un lado, los cuerpos docentes universitarios, que son funcionarios de carrera: los profesores titulares de universidad y los catedráticos de universidad. Por otro, el profesorado contratado, con relación laboral: figuras como el ayudante doctor, el profesor contratado doctor, el profesor permanente laboral, el profesor asociado y el profesor visitante. Ambas vías conviven en los departamentos y comparten la docencia y la investigación, pero su régimen jurídico (funcionarial o laboral) es distinto.
La acreditación: la llave de la carrera académica
Un rasgo distintivo del profesorado universitario es que el acceso a las figuras estables exige una acreditación previa otorgada por una agencia de evaluación de la calidad (la ANECA a nivel estatal, o las agencias autonómicas). La acreditación evalúa los méritos de docencia, investigación, formación y gestión del candidato, y certifica que reúne el nivel para acceder a una determinada figura. Sin la acreditación correspondiente, no se puede concursar a las plazas estables. Esto convierte la carrera académica en un recorrido de acumulación de méritos (publicaciones, sexenios de investigación, docencia, dirección de tesis) para ir obteniendo acreditaciones de nivel creciente.
Las figuras de entrada: ayudante doctor
La figura típica de entrada a la carrera académica estable es el profesor ayudante doctor: un contrato laboral temporal, de duración limitada, destinado a que el doctor desarrolle docencia e investigación y acumule los méritos necesarios para acreditarse a figuras superiores. Es el primer peldaño tras el doctorado para quien quiere una carrera universitaria. Antes o en paralelo existen figuras como el personal investigador en formación (durante la tesis) y el profesor asociado (profesionales que compatibilizan su actividad con docencia a tiempo parcial, una figura pensada para aportar experiencia profesional al aula, no como vía de carrera).
Las figuras estables: contratado doctor, permanente laboral, titular y catedrático
Tras el ayudante doctor y con la acreditación correspondiente, se accede a las figuras estables:
El profesor contratado doctor y el profesor permanente laboral son figuras laborales estables (indefinidas), a las que se accede por concurso tras la acreditación. Constituyen una vía laboral permanente dentro de la universidad.
El profesor titular de universidad es la primera figura funcionarial estable: cuerpo docente universitario del subgrupo A1, al que se accede por concurso-oposición tras obtener la acreditación a titular. Es el núcleo del profesorado funcionario.
El catedrático de universidad es la máxima categoría del cuerpo docente: también funcionario A1, al que se accede desde la condición de titular (o desde figuras equivalentes) tras la acreditación a cátedra. Representa la cúspide de la carrera académica funcionarial.
La carrera académica como acumulación de méritos
Lo que distingue a la carrera universitaria de otros itinerarios del empleo público es que avanza por acreditación y méritos, no por antigüedad ni por promoción interna en el sentido habitual. El profesor progresa acumulando producción científica (artículos, libros, proyectos), tramos de investigación (los sexenios evaluados por la comisión correspondiente), docencia evaluada, dirección de tesis y gestión académica, lo que le permite obtener acreditaciones de nivel creciente y concursar a figuras superiores. La investigación tiene un peso decisivo: los sexenios de investigación son un indicador central de la carrera y condicionan el acceso a las figuras estables y a la cátedra.
Retribución y autonomía universitaria
La retribución del profesorado universitario combina las retribuciones básicas (sueldo del A1 y trienios para los funcionarios) con complementos docentes e investigadores, entre ellos los quinquenios de docencia y los sexenios de investigación, que se suman a la nómina. A ello se añaden los complementos autonómicos que muchas comunidades reconocen a su profesorado universitario, lo que introduce diferencias territoriales. La autonomía universitaria (reconocida constitucionalmente) hace que cada universidad gestione sus plazas y su profesorado dentro del marco estatal y autonómico, lo que otorga a las universidades un margen propio en la configuración de sus plantillas.
Un ejemplo de carrera académica
Para ilustrar el recorrido: una persona obtiene el doctorado; consigue un contrato de ayudante doctor para desarrollar docencia e investigación; acumula publicaciones y méritos y obtiene la acreditación a contratado doctor o a profesor titular; concursa y obtiene una plaza de profesor titular de universidad (funcionario A1); años después, con más producción científica y la acreditación a cátedra, concursa y accede a una plaza de catedrático de universidad. Todo el recorrido se sostiene en la acumulación y evaluación de méritos, especialmente investigadores. Es una carrera larga y exigente, distinta de cualquier otra del empleo público.
La precariedad y el problema de la temporalidad universitaria
La carrera académica española arrastra un problema reconocido de precariedad y temporalidad en sus primeras etapas. El recorrido desde el doctorado hasta una plaza estable (contratado doctor, titular) puede prolongarse muchos años encadenando figuras temporales —investigador en formación, ayudante doctor, contratos de proyecto— y dependiendo de la obtención de acreditaciones y de la existencia de plazas. Esta larga etapa de inestabilidad, con frecuencia mal retribuida y con incertidumbre sobre el futuro, ha sido objeto de crítica y de reformas dirigidas a acortar y ordenar la carrera, a reducir la temporalidad y a dignificar las figuras de entrada. La reforma del sistema universitario ha buscado establecer itinerarios más claros y plazos más razonables hacia la estabilización. Para quien se plantea una carrera académica, conviene conocer esta realidad: es una trayectoria vocacional y exigente, con una etapa inicial larga e incierta antes de alcanzar la estabilidad, aunque con la recompensa de una profesión que combina docencia e investigación con autonomía intelectual.
Docencia, investigación y gestión: las tres patas
El profesorado universitario desarrolla tres tipos de actividad que estructuran su carrera y su evaluación. La docencia (impartir clases, tutorizar, evaluar) se reconoce a través de los quinquenios docentes y es objeto de evaluación de la calidad. La investigación (publicar, dirigir proyectos y tesis, generar conocimiento) es la actividad más determinante para la carrera: los sexenios de investigación, evaluados por la comisión correspondiente, son la credencial que condiciona el acceso a las figuras estables, a la cátedra y a la participación en órganos y tribunales. Y la gestión (dirigir un departamento, un decanato, un vicerrectorado) es la tercera pata, que reconoce la implicación en el gobierno de la institución. El equilibrio entre estas tres actividades varía a lo largo de la carrera y según el perfil de cada profesor, pero la investigación tiene un peso decisivo en el sistema español, hasta el punto de que la carrera académica se describe a menudo como una carrera investigadora con docencia. Comprender esta estructura ayuda a entender qué se valora en la universidad y por qué la producción científica es tan central para progresar.
Conclusión
El profesorado de las universidades públicas combina una vía funcionarial (profesores titulares y catedráticos, cuerpos docentes del A1) y una vía contratada laboral (ayudante doctor, contratado doctor, permanente laboral, asociado), articuladas en torno a la acreditación por agencias de calidad y a la acumulación de méritos, con la investigación —y sus sexenios— como eje. La carrera avanza por acreditación y concurso, no por antigüedad, y se desarrolla en el marco de la autonomía universitaria, con complementos autonómicos que añaden diferencias territoriales. Conocer las figuras y su encadenamiento es esencial para entender una de las carreras más singulares y exigentes del empleo público.
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