La bolsa de empleo es una lista ordenada de aspirantes que han superado un proceso selectivo o que reúnen determinados méritos, a partir de la cual la Administración convoca y nombra personal para cubrir vacantes de forma temporal.
Su función principal es dar cobertura ágil a necesidades urgentes de personal: bajas, permisos, plazas vacantes sin titular o aumentos coyunturales de actividad. Cuando surge una necesidad, la unidad de personal llama por orden de lista al aspirante mejor puntuado disponible y, si este renuncia o no responde en el plazo fijado, pasa a la siguiente persona.
Las bolsas pueden tener su origen en procesos selectivos propios, en los que quienes no obtuvieron plaza pero aprobaron algún ejercicio quedan inscritos con su puntuación; o bien en convocatorias específicas de bolsa, abiertas con sus propias bases y baremos. El orden dentro de la bolsa depende de los criterios establecidos en la convocatoria: nota obtenida, méritos aportados, tiempo trabajado en la Administración u otros factores.
Cada administración gestiona sus propias bolsas para los distintos cuerpos y escalas, y las condiciones de llamamiento, renuncia y exclusión varían. Aceptar un nombramiento temporal de bolsa no convierte al empleado en funcionario de carrera, sino que genera la condición de funcionario interino mientras dura la cobertura.
Las bolsas de empleo tienen una vigencia limitada. La Administración puede renovarlas, ampliarlas con nuevas convocatorias o cerrarlas cuando deja de haber necesidades. En administraciones con alta rotación de personal temporal, la posición en la bolsa puede traducirse en años de servicio continuado aunque sin plaza fija.
Para quienes se preparan el acceso al empleo público, el ingreso en una bolsa suele ser el primer contacto real con el trabajo en la Administración, anterior al nombramiento definitivo mediante oposición o concurso-oposición.